Ser “la mamá de…” no me molesta

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Tengo amigas que odian ser conocidas como “la mamá de…” Sienten que es una forma de invisibilizarlas, de pasar de ser Marta o Julia a solo la madre de sus hijos y perder su identidad. Un día eres Elena, al siguiente solo la mamá de Diego. Así, de golpe y porrazo.

Pero yo no estoy de acuerdo. Yo no siento haber pasado de ser quien soy a ser solo “la mamá de…”. No lo siento y os voy a decir por qué: porque soy “la mamá de…” solo en la puerta del colegio/guardería, porque en el chat salgo con mi nombre aunque sea seguido de ese “mamá de…” para identificarme mejor. Fuera de eso soy solo yo, como madre, como amiga, como esposa…

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Desde el momento 0 en que supe que iba a ser madre me conciencié y conciencié al resto a que habría cosas que cambiarían, que ya no podría tener ni el mismo aguante, ni seguir el mismo ritmo, que controlaría mis conversaciones para que no se centraran solo en niños y que debían entender que necesitaríamos un tiempo de adaptación.

Y lo entendieron, lo asumieron y aquí siguen, casi seis años después de mi maternidad, aguantandome y animandome a seguir. No negaré que alguna se quedó por el camino, pero bueno, asumo que no estaba preparado para el siguiente nivel de amistad y punto. Ni niego que me he busacado amistades nuevas con las que debatir de maternidad, que también lo necesito para desahogarme.

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Las conjugo todas ellas. Desde la parte friki con los de siempre, a las sinceras que compartieron conmigo la maternidad, pasando por las 2.0 y las de la puerta de colegio/guardería/parque. Todas son importantes y necesarias para mi. Todas forman parte de mi día a día y tanto sé que puedo contar con ellas como que ellas pueden contar conmigo. No soy solo “la mamá de…” Soy yo en todo mi explendor. Y me encanta.

 

 

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Cambios

Empecé el blog hace una año, publique un par de entradas y… Si, lo dejé abandonado, pero que conste que fue por causas justificadas.

La primera de todas que estaba peleándome con mi empresa para que me hicieran la reducción de jornada, la cual tuve que reclamar judicialmente. Una vez logrado me chupé todos los sábados en turno partido. Por lo menos entre semana tenía todas las tardes para estar con mis hijos.

 

Esa es la segunda razón, los niños, o mejor dicho, el grillo chillón. La maternidad con mi primera hija fue un paseillo, una niña de trato muy fácil y nada exigente que me permitía mucho tiempo libre. Pero el grillo no, él debe estar encima de mí todo el santo día. Tiene 19 meses y hace mes y medio que logramos que duerma la noche de tirón. Así que de escribir ni hablamos.

Y así llegamos a la última de las razones: mi despido. Si, después de darme por saco con la reducción, una empresa que estaba en venta y que le daba igual que les pasara a sus empleados, la nueva empresa decidió no continuar con mis servicios después de trece años. Así que me puse a estudiar oposiciones y eso, quieras que no también me restó tiempo para escribir.

Aún no se si aprobé las opciones y estoy en medio de otras pero durante este año he descubierto a gente maravillosa, blogeras y no blogeras que se han convertido en parte de mi día a día y que me han dado fuerzas para intentarlo de nuevo. Va por tod@s vosotr@s. A veces los cambios son para bien.