Así empezó todo

Esta semana se cumplieron 16 años desde que el papá comprometido (vamos a llamarlo PC a partir de ahora para abreviar) se presentó en mi clase de latín para “secuestrarme”. Una hora después y mucho cachondeo por parte de los amigos, reunió el valor suficiente para pedirme salir y entregarme una rosa por ser San Valentín. Si, así es, el PC me pidió salir en San Valentín. Cursiladas a parte, he de decir que yo no tenía muy claro que esto fuera a llegar tan lejos. Solo le quería para un ratito. Pero el muy zorro supo ganarseme poco a poco hasta que estar con él fue mi mejor decisión.

El PC no es perfecto, ni mucho menos, ni el más guapo o el que más dinero tiene, pero si es capaz de hacerme reír casi en cualquier situación, ha luchado a mi lado en batallas en las que yo misma me había dado por vencida, ha sabido adaptarse a mi carácter (y yo al suyo, no todo lo va ha hacer él), siempre hemos llegado a acuerdos y hemos construido una relación fuerte y duradera.

No todo ha sido fácil. PC juega muchas horas al ordenador y hay veces que le tengo que poner límites como a los niños, pero es verdad que a mi me pasa lo mismo cuando pillo un libro. Es despistado y tengo que recordarle las cosas constantemente, como la hora a la que salgo del trabajo, que en doce años ha sido siempre la misma. A veces discutimos, somos bordes el uno con el otro y nos decimos tonterías, pero al final siempre llegamos a un acuerdo.

Así que, aquí estamos, 16 años después, con hipoteca, boda y niños por en medio. Con una depresión que casi me cuesta mi esencia como persona, con unas familias que nos quieren y nos apoyan ( y también nos dan caña cuando lo necesitamos), con amigos comunes que son casi familia y con un cuatropatas llorón y mimoso que fue nuestro primer bebé.

Por todo esto, por lo bueno y lo malo, por las risas y las lágrimas, por los buenos y los malos momentos, por ser como somos, no cambio a mi PC por nada del mundo. Feliz aniversario, por muchos años más.

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Que es una Bimadre Imperfecta?

Pues eso, una mamá de una princesa vampira y un grillo llorón, que va corriendo de acá para allá como pollo sin cabeza, que no llega a todo y que un día se planta y decide aceptar que no es perfecta, que no quiere serlo y que es feliz con sus imperfecciones. Y lo que es mejor, que sus hijos también son más felices así, imperfectos.

Quiero dejar claro que a mi nadie me vendió la moto de esa maternidad edulcorada que te venden los anuncios de productos infantiles. Sabía que iba a ser duro, que tendría mil dudas, que los niños son impredecibles y que no hay dos iguales, pero asumía que si mi madre pudo hacerlo, en otra época con menos avances y menos concienciación, no iba a ser para tanto. Yo contaba con un papá comprometido y dos pares de abuelos jóvenes cerca para los imprevistos. ¡Qué ilusa!

 

Así que emulando a varios amigos he decidido que yo también tengo ganas de contar como llevo mi imperfecta maternidad, que quiero compartir mis risas y mis lágrimas con aquellos que deseen leerme.

Bienvenidos a mi primera entrada, espero que haya muchas mas.